Hoy hace una semana que decidiste marcharte, por sorpresa, sin haber avisado ni siquiera dando alguna sutil señal.
Jamás olvidaré la llamada que me lo comunicó. Tuve que sentarme porque me empecé a marear. No lo podía creer, pensaba que era una broma de muy mal gusto. Tras colgar el teléfono, tardé como unos 30 minutos en poder articular palabra. Por mi cabeza rondaba una pregunta: ¿por qué? y a día de hoy, esa cuestión sigue presentándose diariamente. Creo que jamás tendrá respuesta.
En estos momentos me gustaría creer en un más allá, en un cielo, en un Dios, para tener la tranquilidad de que tras mi muerte, nos encontraremos y podrás contarme qué te sucedió, por qué tomaste esa decisión tan complicada.
Has dejado muchas cosas pendientes por aquí, y lo sabes. Muchos proyectos en los que estabas trabajando. Y a mucha gente con el corazón roto que, al igual que yo, tampoco lo entienden.
Es imposible no sentirse culpable por tu decisión, por no preguntarte más, por no intentar sacarte información con más tesón, pero es que eras hermético. Nunca contabas nada. Siempre estaba todo bien y desviabas cada pregunta con una broma que nos hacía cambiar de tema. Así era imposible saber por qué estabas mal. Porque lo estabas. Nadie en su sano juicio hace tal cosa. Incluso, me atrevería a decir que ha sido un gesto tremendamente egoísta. Sí, puede sonar cruel, pero es lo que pienso. Quizás sea el cabreo que tengo encima por lo sucedido, pero debías estar tremendamente mal para hacerlo y permitir que tus padres te vieran así. Tú ya descansas, que es lo que querías, pero a tus padres nadie, jamás, se les borrará esa imagen de la cabeza, y eso no es justo.
¿Tan difícil era pedir ayuda? ¿Tan difícil era levantar la mano y decir "alguien me puede escuchar"? Como pudiste comprobar en todos estos años, yo lo hacía cada vez que tenía un problema y la verdad, no me ha ido nada mal. ¿Por qué no pediste ayuda? ¿Por qué no reconociste que tenías un problema y le hiciste frente? No me vale que me digas que fue por miedo, porque aquí tienes a la persona más cobarde del mundo y sigo adelante. O bueno, no; a la más valiente, porque los valientes somos los que hacemos las cosas con miedo y los cobardes sois los que tomáis el camino fácil.
Si te tuviera delante te abofetearía, te lo juro. Eres un egoísta, un cobarde, escapaste de una situación dolorosa de la forma más sencilla. Incluso podría llegar a decir que me siento decepcionada, porque si en algo te admiraba es en lo inteligente que eras. Pues parece ser que estaba equivocada, porque los inteligentes no hacen estas cosas.
Siempre te recordaré y siempre te pondré como ejemplo, pero de lo que no hay que hacer. Eso es lo que has conseguido. Pasar de ser una persona admirada a ser un ejemplo para la sociedad de lo que está mal. Y no siento estas duras palabras que te estoy dedicando, porque cuanto más escribo más me sube el enfado, la frustración.
Espero que en un tiempo, esta sensación me desaparezca, pero por ahora solo puedo sentir lástima por ti (por todo lo que has sufrido) y enfado por la decisión tomada.
Si algún día nos volvemos a ver, que sepas que tenemos una conversación pendiente. Mientras tanto, te seguiré queriendo, amigo mío, por muy enfadada que esté contigo.

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