Te toca ser fuerte.
No te preocupes por los ruidos de las máquinas, ni por los tubos invadiendo tu cuerpo. Fíjate en las voces de esos que siempre te visitan a la misma hora, cuando les dejan. Ahora te pueden parecer voces tristes; perdónalas, están reviviendo su mayor pesadilla; pero realmente son voces mágicas que te dan el coraje necesario para luchar.
Sé de lo que hablo. Hace ocho años era yo el que estaba en esa nave espacial, y aquí estoy ahora, esperándote.
Conozco el dolor de la soledad, de la falta de caricias y de esos pinchazos que te dejarán marcas por todo el cuerpo, pero recuerda que los que tenemos cicatrices somos los supervivientes.
Pronto vendrás para casa quedando esto en un recuerdo, y viviremos como se todo fuera un mal sueño.
Te lo digo yo, el que escogió tu nombre, Brais; el que te quiere sin conocerte, tu hermano mayor.
Te lo digo yo, de niño prematuro a niño prematuro.
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