1 de mayo de 2026

Incentivar a la lectura


Yo era una persona a la que le encantaba leer. Siempre pedía, y sigue pidiendo, libros por Navidades y cumpleaños. Amo tirarme en la cama, con una buena luz y una taza de ColaCao y sumergirme en la vida de otros. Siempre ha sido así.

Pero todo se estropeó cuando llegué a la ESO... nunca entendí, y seguiré sin entender, cómo unos profesionales de la educación les hacen leer a unos adolescentes libros como El Conde Lucanor, La Ilíada, El Romancero Gitano o Don Juan Tenorio. Si realmente quieren que los jóvenes pierdan las ganas de leer y el interés por las historias narradas, es lo mejor que pueden hacer. Una persona que leía una media de 24 libros al año, pasó a leer, exclusivamente, los que mandaban en el instituto y de muy mala gana.

Cómo olvidarme de la cantidad de semanas que me llevaba leer uno de esos clásicos, el tener que volver a leer la misma página, o incluso, el mismo capítulo una y otra vez porque no había forma de que lo entendiera. ¿Y cómo lo iba a entender? ¿a esa edad?, con una mente en desarrollo y las hormonas a flor de piel, con unas prioridades vitales muy distintas a las de los adultos, de aquella lo último que quieres es leer en castellano antiguo historias que no te representan, que están llenas de metáforas y palabras que no entiendes (recuerdo leer con el diccionario pegado a mí... ¡qué suplicio tener que parar cada dos por tres para buscar la palabra en el diccionario!). Entiendo perfectamente que son clásicos, entiendo también que en la asignatura de Literatura hay que hablarles a los alumnos de La Celestina, pero también entiendo que hay muchas formas de "hablar" de este tipo de obras sin tener que obligar la lectura, porque cuando acababa uno de esos libros, el cansancio mental era tal que ya no me quedaban ganas de disfrutar con otros libros que sí me iban a gustar.

Echo la vista atrás y, tras haber trabajado con niños y adolescentes durante media vida, encuentro tantas maneras de inculcarles la lectura y, al mismo tiempo, hacerles conocedores de los grandes clásicos, que lo único que puedo decir es que las cosas se pueden hacer mucho mejor, aunque no sea la forma más cómoda.

¿Qué pierde un profesor por marcar como libro de lectura a unos adolescentes Harry Potter, El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares o Wonder, (porque hay libros de todas las temáticas posibles)? Libros dedicados principalmente a ellos. Pero el profe pierde tiempo. Así es. Pierde tiempo porque seguramente esa persona que ya no cumple los 50 no haya leído ni un libro de esta temática, por lo que tendría que leerla para poder realizarles el examen correspondiente. Pero si el examen es sobre El Cantar del Mio Cid, una obra que leyó en su época de estudiante, que la volvió a estudiar en la carrera y que la ha acompañado, para bien o para mal, durante su vida, no se tiene que esforzar lo más mínimo, ya lo tiene todo hecho...

Y no apoyo con esto que no sea importante conocer los grandes clásicos. Claro que sí pero, como he dicho antes, hay formas y formas. Se pueden comentar pequeños fragmentos en clase y hablarles sobre el autor para que conozcan su obra o abrirles el apetito con alguna obra cinematográfica pero, al igual que a una persona de 40 años no les damos a leer Teo va al parque porque "no es para su edad", tampoco deberíamos darles estos libros a adolescentes que no los van a entender y les van a amargar.

No os preocupéis, profesores, que si hacéis bien vuestro trabajo e inculcáis la lectura a vuestros alumnos con libros escritos para ellos y los incentiváis a la lectura, os aseguro que en un futuro, cuando sus cabezas estén preparadas, no se irán de este mundo sin disfrutar de ellos. De eso estoy segura.

Curraros un poco más vuestro trabajo, sacar esa motivación que hay que tener para realizar vuestra labor (porque no hay profesión más vocacional que la de la enseñanza, o por lo menos así debería de ser) y pensar en las personas que tenéis delante. No es cuestión de decir "yo leí este clásico a su edad y no me pasó nada". A ti no te pasó nada, pero yo perdí diez años de lectura, por ejemplo. Y como yo, mucha gente más. Además, me sucede una cosa muy curiosa, y es que a día de hoy, no recuerdo el argumento de estos libros en absoluto, por lo que podría volver a leerlos de nuevo, pero NI DE BROMA. En cuanto me vienen esos títulos a la cabeza se me ponen los pelos de punta. Así que observad lo bien que lo habéis hecho: a una adolescente le robasteis su afición por la lectura, le provocasteis rechazo hacia una serie de libros que todos deberían de conocer y no habéis conseguido vuestro objetivo porque no me acuerdo absolutamente nada de lo leído.

Y con esto no intento transmitir frustración ni rencor; es miedo, miedo por mis sobrinos que se acercan a la adolescencia y seguimos igual tras 20 años.

Enhorabuena, lo estáis haciendo muy bien.

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